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Por
el año 300 a.C. la ciudad griega de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en
la costa mediterránea de Egipto, era la urbe más grande del mundo. Tenía
avenidas de 30 metros de ancho, un magnífico puerto y un gigantesco faro para
anunciar a los marinos que allí se dirigían que se acercaban a su destino. El
faro fue una de las siete maravillas del mundo antiguo.
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Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades; era el lugar ideal para un centro internacional de investigación. Ese centro, fundado alrededor del año 300 a.C., era la biblioteca y museo de Alejandría. El museo, un lugar dedicado a las especialidades de las Nueve Musas, era el centro de investigaciones propiamente dicho. La biblioteca se guiaba por el ideal de reunir una colección de libros internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India. |
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El
museo y la biblioteca estaban divididos en facultades, cada una dirigida por un
sacerdote. El salario del personal lo pagaba el rey. Los estudiosos de la
biblioteca y museo de Alejandría estudiaban todo lo estudiable: literatura,
matemáticas, astronomía, historia, física, medicina, filosofía, geografía,
biología e ingeniería. Por sus pasillos se pasearon, entre otros, Eratóstenes;
el astrónomo Hiparco, el cual trazó un mapa de las constelaciones y clasificó
las estrellas por su brillo aparente; Euclides, sistematizador de la geometría;
Apolonio de Perga, matemático que investigó las propiedades de las curvas
llamadas "secciones cónicas" (parábola, hipérbola y elipse); Arquímedes, el
genio de la mecánica, y -en el ocaso de la biblioteca, seis siglos después- la
astrónoma, matemática y física Hipatia, una mujer que se desenvolvía con toda
soltura en un medio tradicionalmente acaparado por hombres y una época en que
las mujeres tenían aun menos oportunidades que hoy.
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La biblioteca enviaba agentes a todos los rincones del mundo conocido en la época a buscar libros de todas las culturas y a comprar colecciones completas. Se dice que cuando un barco llegaba al puerto, lo registraban para ver si transportaba libros, los confiscaban en caso de que sí, los copiaban y luego los devolvían a sus dueños. La biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos inspirados por el arzobispo de la ciudad la incendió y asesinó a Hipatia, última directora de la biblioteca, en el año 415 d. C. Hipatia y sus obras cayeron en el olvido. Al arzobispo hoy se le conoce como San Cirilo. | |
martes, 10 de abril de 2012
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